La Mujer
La noche emanaba oscuridad profunda por donde se hacía
notar, el invierto arrojaba fríos vientos que helaban hasta los huesos. El
cansancio estaba apoderado de mi cuerpo.
La oscuridad reinaba dentro de mi fría habitación, esa
noche ni la luna hizo presencia por los alrededores, la puerta de la habitación
estaba abierta y alcanzaba a entrar un poco de luz del pasillo, estaba tan
cansado que ni pensé en levantarme a apagar el foco y cerrar la puerta. Después
de todo estaba solo en casa, nadie se va a quejar. Sobre mi cama yacía arropado
de pies a cabeza escuchando música suave antes de caer rendido al sueño.
Cuando menos pensé abrí los ojos y percibía lo que pasaba a
mí alrededor, permanecía inmóvil y en silencio, la música no se escuchaba, eche
un vistazo alrededor de la habitación para darme cuenta de que estaba solo.
Pero al ver de nuevo la puerta me di cuenta de una silueta de mujer, solo podía
ver su figura, la oscuridad del cuarto no me dejaba distinguir nada más, era prácticamente
una sombra. Pensé por un momento que había llegado Priscila, mi hermana con
quien vivía. Pero pensé diferente cuando se movió hacia un lado de mi cama, se trasladó
de un lugar a otro sin mover los pies como si estuviera flotando por encima del
suelo y no ocupara dar pazos. Fue ahí cuando me asuste e intente moverme pero
fue inútil, estaba paralizado, sentía una mirada penetrante y un escalofrió me recorría
por dentro.
Aun teniéndola más cerca no lograba distinguir quien era, así
que intente comunicarme con ella, pero solo me desespere más al notar que
tampoco podía hablar, quería preguntarle ¿Quién era?, ¿Qué quería? Y ¿De dónde venía?,
o por el momento me bastaba saber quién era.
El miedo que sentía en ese momento era simplemente
aterrador, fue aun peor cuando las cobijas con las que me tapaba empezaban a
deslizarse como si alguien me estuviera destapando, de inmediato me imagine que
era esta mujer quien intentaba destaparme, pero al verla nuevamente no estaba moviéndose,
seguía exactamente en la misma posición, ¿Cómo podía quitarme las cobijas sin
mover un solo dedo?, ¿Cómo podía caminar sin dar un solo paso?
El frio de la habitación empezó a abrazar mi cálido cuerpo
y en cuestión de segundos estaba helado como si estuviera dentro de un
congelador, sentía la temperatura mucho más baja de lo normal, empecé a sentir
como se me congelaba el pecho, mi corazón cada vez latía más rápido, y con cada
latido un dolor iba recorriéndome las venas centímetro a centímetro, hasta que
llego el punto en que sentía una sola enorme punzada en todo el cuerpo, pretendía
torcerme del dolor, pero aun así no podía moverme nada.
Dentro de mí gritaba, me revolcaba del dolor y temblaba del
frio, pero por fuera parecía que solo estaba esta mujer y yo acostado enseguida
de ella.
Cerré mis ojos con todas mis fuerzas e intente por última
vez moverme y gritar, era inútil, no deje de intentarlo, dentro de mi lucha con
la sombra de la mujer, di un gran salto de la cama con un grito que se esparció
por cada rincón de la casa, en cuanto toque el piso helado brinque de nuevo y
al caer me torcí un tobillo, lo que me hizo caer contra la pared. Al momento de
caer note que estaba la luz prendida, el corazón se me quería salir del pecho
para resguardarse en un lugar seguro, mi piel estaba helada por el ambiente de
la habitación, mi respiración estaba agitada por el inmenso esfuerzo de querer
moverme, mi cerebro confundido hacia que volteara a todas partes para buscar a
esa mujer de la cual no pude identificar ningún rasgo, solo su silueta.
Sentí unas manos reposar sobre mi hombro izquierdo, al
sentirlo grite de nuevo, tire una patada hacia el lugar y sentí golpear
alguien, repose mi espalda contra el suelo y me arrastre lo más lejos que pude
sin voltear al lugar.
- ¡Misael!
¡Misael! - - ¡Tranquilo!, No pasa nada, ¿Qué tienes? –
Al voltear a ver al lugar de donde procedía la voz era mi
hermana, fue ella quien me había puesto las manos en el hombro, y también fue a
ella a quien le pegue la patada, me quede perplejo y aun que ya podía hablar no
se me ocurría una manera de explicarle que era lo que me había pasado, así que
solo lleve mis manos a mi cara, y sin querer comencé a derramar lágrimas sobre
mi rostro.
Las sombras no están ocultas cuando la luna se esconde, te pueden ver y escuchar, están contigo.Hay que dar gracias a la luna que las detiene, pero cuando la luna esta oculta tienes que cuidarte de ellas. La sombra es el reflejo obscuro de lo que alguna vez estuvo vivo.
